Qué significa correr un ultra-trail sin asistencia, cuánta agua y comida hace falta, cuándo dormir y cómo se prepara una distancia de 200 km. Una guía práctica, escrita desde el terreno de LARRE Long Distance ®.
Un ultra-trail en autosuficiencia es una carrera en la que cada corredor lleva consigo todo lo que va a necesitar. No hay avituallamientos cada quince kilómetros, no hay bolsa de vida, no hay un coche de equipo esperando en el alto. Hay checkpoints, sí, pero son puntos de control y sellado: confirman que has pasado por ahí, no te dan de comer.
La diferencia con un ultra clásico no es solo logística. Cambia lo que decides. En un ultra con asistencia, la decisión importante es el ritmo. En autosuficiencia, la decisión importante es la gestión de recursos: cuánto peso llevas, dónde repones agua, cuándo comes, cuándo duermes. Casi nadie se retira de una carrera así por falta de piernas; se retira por haber calculado mal el agua, la comida o el frío.
| Aspecto | Ultra con asistencia | Autosuficiencia |
|---|---|---|
| Avituallamientos | Cada 10–20 km | Ninguno |
| Bolsa de vida | Habitual | No existe |
| Asistencia externa | Permitida en zonas marcadas | Prohibida |
| Peso de la mochila | 1–3 kg | 3–6 kg |
| Decisión crítica | El ritmo | Los recursos |
El agua pesa un kilo por litro y no se puede llevar toda. Por eso la planificación no se hace por kilómetros, sino por tramos entre puntos de agua fiables: fuentes de pueblo, bares, cementerios, polideportivos. Se marcan en el mapa antes de salir, con una alternativa por si alguno está seco o cerrado de noche.
Como referencia de trabajo, en terreno de media montaña se bebe del orden de 400–500 ml por hora con temperatura suave y 600–800 ml por hora con calor. Entre dos puntos separados por cinco horas, eso son más de dos litros. Un filtro de agua o unas pastillas potabilizadoras pesan muy poco y convierten cualquier arroyo en una opción; los abrevaderos para ganado, no.
En otoño, en las sierras de Álava, la trampa es la contraria a la que todo el mundo espera: hace fresco, se bebe menos de lo que se cree y se llega deshidratado sin haber pasado calor en ningún momento.
En carreras largas la mayoría de los corredores sostienen entre 200 y 300 kcal por hora, y casi nunca más. En una prueba que puede durar cuarenta o cincuenta horas, eso son muchas miles de calorías: más de las que caben en una mochila razonable. De ahí que la pregunta no sea «cuánta comida llevo», sino «cuánta comida llevo encima y de dónde sale el resto».
Lo que funciona: alternar dulce y salado antes de que el estómago se cierre, combinar sólido con líquido, llevar algo caliente o salado para la madrugada y tener dos o tres opciones que sepas que te entran incluso con náuseas. Lo que no funciona: estrenar en carrera un gel, una barrita o un sabor que no has probado en los entrenamientos largos.
Cada carrera define en su reglamento si se puede comprar en comercios del recorrido o reponer en fuentes públicas, y eso cambia por completo el plan de comida. Es lo primero que hay que leer. En LARRE lo esencial está resumido en el reglamento.
Una prueba con cincuenta horas de tiempo límite cruza dos noches. Para la mayoría de los corredores, no dormir nada en cuarenta y tantas horas significa llegar a la segunda madrugada con alucinaciones, desorientación y decisiones malas en terreno donde las decisiones importan.
Las tres estrategias que se usan de verdad: no dormir (solo si ya lo has probado en entrenamiento y sabes cómo responde tu cabeza), micro-sueños de diez a veinte minutos cuando aparece el primer bajón serio, o una parada planificada de una a dos horas en un punto decidido de antemano. La diferencia entre que funcione y que no está en haberlo decidido antes de salir, no a las cuatro de la madrugada tirado en una cuneta.
Más allá de lo que exija cada organización, hay un núcleo que en autosuficiencia no se discute:
La lista de material obligatorio de LARRE se publicará junto con el reglamento definitivo de la I Edición. Cuando esté, tendrá su propia página y se anunciará en @larrelongdistance.
En las carreras en autosuficiencia el recorrido no se marca con cintas: se sigue un track GPS oficial. Eso significa que la navegación es parte de la prueba y se entrena como se entrena una cuesta.
Lo práctico: cargar el track en el reloj y también en el móvil, con los mapas de la zona descargados para usarlos sin cobertura; marcar los checkpoints como puntos de interés; saber qué hacer cuando el reloj avisa de que te has salido (parar, retroceder hasta el último punto seguro, no improvisar atajos de noche); y no depender de una sola batería para la única cosa que te dice dónde estás.
En LARRE tirar un solo envase supone descalificación inmediata, y es la única regla del reglamento que no admite apelación. En la práctica se resuelve con tres gestos: una bolsa de basura propia en un bolsillo fijo, siempre el mismo; geles y barritas con la lengüeta atada o guardada en el momento de abrir, nunca «luego»; y trasvasar lo que se pueda a bolsas reutilizables antes de salir, para llevar menos envoltorio encima desde el principio.
Con un año por delante, la preparación se ordena en tres bloques. No es un plan de entrenamiento personalizado —eso depende de tu historia y, si hay dudas de salud, de un profesional—, pero es la estructura que comparten casi todos los que llegan a meta.
Dos sesiones no son negociables: correr de noche, varias horas, hasta que dejar de ver con claridad sea normal; y encadenar dos días largos seguidos, para conocer cómo responde el cuerpo cuando arranca con las piernas ya cargadas. Y hay dos partes que casi nadie entrena y que deciden carreras: el estómago y los pies.
La salida a las 16:00 h no es un detalle estético: se entra en la noche pronto, con las piernas enteras y con casi todo el recorrido por delante. Quien haya entrenado de noche lo agradece ahí. El trazado completo está en la página de la ruta.
Se puede, pero la probabilidad de llegar a meta baja mucho. Lo que aporta una prueba de 100 km o de 24 horas no son los kilómetros: es haber pasado una noche corriendo, haber gestionado un bajón serio y saber qué come tu estómago a las veinte horas. Si no hay un ultra largo previo, lo razonable es sustituirlo por salidas propias de 15 a 24 horas en terreno parecido.
En autosuficiencia real, entre tres y seis kilos con agua, según el clima y la estrategia de sueño. Por debajo de tres suele significar que falta algo importante; por encima de seis, que se está llevando miedo en forma de peso.
En una carrera en autosuficiencia el abandono se comunica siempre a la organización, nunca se abandona en silencio: mientras no lo sepan, para el centro de control sigues en el monte. El procedimiento concreto de LARRE —puntos de recogida y teléfono— formará parte del reglamento definitivo y del briefing obligatorio del día anterior.
Honestamente, no. Es un buen segundo o tercer paso. Para empezar en el formato tiene más sentido una prueba de 50 a 100 km sin asistencia, o un recorrido propio de dos días. Lo que sí es LARRE es un sitio donde la autosuficiencia no es un adorno del cartel: 214 km, cero residuos y un track en el que estás tú, el monte y tu brevet.
La I Edición tiene 300 dorsales y se asignan por orden de llegada de la preinscripción, que incluye una breve descripción personal obligatoria. Las inscripciones se abren en enero de 2027. Si quieres que te avisemos el primer día, déjanos tus datos en la lista de aviso de preinscripción.